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La cabeza o las piernas del centauro: notas del Congreso PAIDEIA

Lo que se dijo sobre evaluación, plataformas y el lugar del docente en tiempos de IA.

Gabriela Labonia

Cofundadora de Apollo

Ilustración de un centauro con arco frente a un caballo con torso humano, analogía de la IA y el docente

Esta semana tuve el privilegio de asistir al 1.er Congreso Internacional PAIDEIA (Programa Argentino de Innovación de la Educación con Inteligencia Artificial), organizado por la Secretaría de Educación del Ministerio de Capital Humano.

Mi sensación general fue que no sabía hasta qué punto lo necesitaba.

Desde que me aventuré en el mundo de la IA y su implementación en educación, hace ya tres años, sentí la necesidad imperiosa de contactarme con más gente que se hiciera las mismas preguntas que yo, y que intentara por algún medio responderlas, moverse, plantarse de manera consciente frente al fenómeno que nos cayó encima hacia fines de 2022. Pero no es fácil encontrar eso entre los colegas que día a día dejan el alma frente a las aulas, luchando ante molinos de viento, ahora, con un aspa nueva y desconocida.

Y acá surge algo que los docentes solemos cuestionarnos. Quienes investigan, quienes tienen tiempo de hacerlo, muchas veces no están dentro del aula como solemos vivirla nosotros. Terrible contradicción, porque ¿cómo se puede estudiar el aula estando afuera, y cómo se puede encontrar tiempo para investigar, cuando se tienen más de cuarenta horas semanales frente a curso?

Yo encontré un término medio, y me considero privilegiada. Pero tuve que sacrificar algo: dejar horas en una escuela y usar ese tiempo para registrar, sistematizar, desarrollar, de manera independiente, un ecosistema en base a las necesidades que encuentro.

Y en este camino que se fue haciendo con el andar, desde “abajo”, si se quiere, difícil es hallar contactos de “arriba”, de esos que tal vez ya no están en el aula, pero sí en organismos y entidades estratégicas, que se dedican a investigar a nivel macro, a estudiar para generar recursos, a para legislar.

Es, entonces, en este tipo de encuentros que podemos alinearnos unos con otros, crear contactos, acercarnos al objetivo desde varios ángulos.

Voy a comenzar por el principio, cuando el subsecretario de Políticas e Innovación Educativa, Alfredo Vota, pronunció una frase que, a mi entender, marcó el eje de todo el congreso: “Estamos en un momento de cambio: hay que volar el avión mientras lo construimos”. Porque, lejos de una mirada polarizada sobre la IA, positiva o negativa, la mayoría de los oradores partió de la base de que la IA ya se usa y de que es una herramienta que nos trae el desafío de actuar.

Gustavo Riesgo, director del programa PAIDEIA, sumó a este concepto que estas miradas, que a simple vista parecen ser opuestas, son dos caras de una misma moneda, porque ambas tienen algo en común: hablan del futuro para no hablar del presente.

En consonancia con esto, algo que también constituyó una postura indiscutible en cada presentación fue que el docente será necesario siempre, porque, en palabras de Vota, “el solo interés del niño no alcanza para que aprenda”.

Como mis notas son extensas, ya que hallé interesante casi todo lo dicho, quiero compartir, a modo de resumen muy personal, una selección de ellas (todas las citas de este artículo provienen de mis notas: recogen lo que dijo cada orador, pero no son transcripciones textuales):

“¿En qué medida evaluaciones como PISA conservan su validez en un mundo atravesado por la IA? ¿Qué pensarían ustedes hoy, si yo dijera que El Rincón del Vago es responsable de la decadencia educativa de estos últimos veinte años?”
“La misma IA dice que el docente tiene que buscar evidencias de aprendizaje, pero esas evidencias también pueden ser generadas con IA (experiencias propias, respuestas metacognitivas). Entonces tenemos un problema grave, no solo en los resultados sino en los procesos. Las herramientas con las que certificamos nuestro trabajo están caducas. ¿Qué hacemos?”
Santiago Bellomo (Universidad Austral)
“La adopción de la IA superó al diseño pedagógico. Antes, producir algo bueno era señal de aprendizaje. Hoy estamos obligados a mirar el proceso y a comprobar qué hacen los estudiantes sin IA. Hay que repensar la educación de manera nativa: si nunca hubiéramos evaluado, si no conociéramos qué es una evaluación, ¿cómo evaluaríamos hoy, con la existencia de la IA? No tenemos que construir un puente entre el presente y el pasado, hay que construir nuevos métodos”
“Pensábamos que el producto era la evaluación, y en realidad es el camino. La evaluación no era la tarea: era el gimnasio. Hay que diseñar la fricción. Hay que diseñar para las relaciones humanas, no para el contenido”
Fernando Valenzuela (EdTech)
“Estar alfabetizado en IA no es saber usarla. Eso sería como si saber usar un lápiz nos convirtiera en buenos escritores, o prender la luz, en electricistas. Las personas tienen que entender cómo funciona la IA”
“La IA es realidad aumentada: nos aumenta, pero ¿cómo? ¿Qué parte del centauro somos, la cabeza o las piernas?”
Wayne Holmes (University College London)
“En el caso de la IA no se trata solo de un problema de conectividad, sino también ético, entre otros.
Entonces, qué necesitamos para acercarnos a estas tecnologías:
  • Transparencia respecto de los sesgos. Hay que auditar las herramientas y saber qué herramientas metemos en el aula. Tecnológicamente, estamos lentos.
  • Seguridad ética del estudiante, sin perder de vista la autonomía docente. Para esto hay que desarrollar infraestructura digital.
  • Evidencia. No se pueden hacer políticas públicas sin evidencia”

Rodolfo Barrere (OEI)

“Los docentes ya tienen todo lo necesario para enseñar IA.
El error más caro que podemos cometer es creer que la IA es jurisdicción exclusiva de la materia Tecnología”
“Las humanidades y las ciencias sociales son necesarias para entender la IA. Ella les devuelve el desafío a esas disciplinas”
Iván Petrella (Fundación Bunge y Born)
“No hay que sucumbir a la presión de hacer algo urgente. Hay que despejar el humo de lo comercial y ver a quiénes realmente les importa la educación.
El docente es el centro del aula, potenciado por la IA”
Guillermo Araujo (ministro de Educación de San Luis)

Me quedo con esta última cita para desarrollar los conceptos abordados sobre las plataformas que se ofrecen en el mercado y que pretenden venir a salvar a la educación de algo que ni los educadores ni quienes las desarrollamos terminamos de entender todavía.

En principio, surge la crítica a una curaduría que no es pedagógica, que no parte de las necesidades del aula, sino de plataformas que fueron diseñadas para un uso general, y el más genérico posible. Entornos de plataformas como ChatGPT, Gemini, Claude, etc.

Sé de esto, porque la primera herramienta del proyecto fue ChatGPT, y siempre fuimos conscientes de que la usábamos porque era lo único que teníamos. Hoy, si quisiéramos usarla incluso para los mismos fines con que comenzamos, ya no serviría, porque todos sus cambios se alejaron cada vez más de las necesidades del aula.

En segundo lugar, se habló de las que sí se crean para educación, pero que no empoderan al docente, sino que son un fin comercial en sí mismo. También de aquellas que simplemente aplican los planes de educación a propuestas didácticas, en una especie de repositorio prediseñado, pero que deja al docente fuera de cualquier decisión.

En palabras de Guillermo Araujo, “Se buscan expertos en educación que además sepan de inteligencia artificial, y que ese aprendizaje llegue al aula”; y yo sumaría: se buscan expertos en educación, que habiten el aula diariamente, y todo lo demás.

Pero a partir de esta afirmación menciono un cuestionamiento que me ha acompañado desde que fundamos Apollo. ¿Qué sucede con esas plataformas que sí parten de un proyecto educativo, que sí cumplen con los requerimientos y la curaduría del aula, que sí empoderan al docente otorgándole la posibilidad de decidir, pero que también deben cobrar una suscripción? Es que, no nos engañemos, todo tiene un costo; ningún desarrollador trabaja por amor al arte, ninguna empresa regala tokens a las plataformas emergentes porque tengan una buena causa educativa; nadie brinda gratis infraestructura y tiempo. ¿Cómo es ese equilibrio entre lo comercial y las buenas intenciones de mejorar el mundo de la educación?

Creo que por fin puedo intentar una respuesta con algunas conclusiones que se desprenden del congreso:

El equilibrio es fundamentar, crear evidencias, ser críticos y flexibles como desarrolladores, recalcular, si es necesario, apoyarse en un proyecto pedagógico de base, investigar, leer a otros. Yo aseguro, con conocimiento de causa, que no es posible seguir este camino con éxito, si el objetivo principal es el económico. Creo que en esto se verán las motivaciones de cada plataforma: en los papers escritos, en los pilotos registrados, en la fundamentación teórica que las acompañe.

Para finalizar, quiero retomar la analogía de Fernando Valenzuela, cuando dice que la evaluación es el gimnasio, porque creo que esto aplica incluso al trabajo que hacemos en Apollo. La mayoría de la gente no va al gimnasio porque disfruta el momento en que levanta la mancuerna, sino porque quiere verse al espejo y percibir el resultado. Hace tiempo que vengo pensando que el verdadero cambio educativo debe residir en que los estudiantes quieran percibir el resultado ellos mismos frente al espejo. Hasta que eso no suceda, tomarán atajos, dejarán que la IA levante la mancuerna por ellos, para cumplir con el entrenamiento, aun teniendo los músculos atrofiados.

Debemos educar sobre eso, sobre qué sucede en el cerebro cuando estudiamos, sobre cómo pararnos frente al espejo para saber si hemos evolucionado; invertir en la concientización sobre esto, o nos encontraremos con un futuro lleno de centauros con colas humanas y cabezas artificiales.

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