# Por qué nació Apollo: corregir con IA desde la experiencia docente

> La creadora de Apollo cuenta cómo entrenó su propio asistente de IA para revisar tareas con sus propios criterios, qué funcionó y qué no.

- **URL:** https://apolloedu.ai/blog/corregir-con-ia-experiencia-docente
- **Autor:** Gabriela Labonia
- **Publicado:** 2026-07-01
- **Keywords:** corregir con inteligencia artificial, IA para corregir tareas, experiencia docente con IA, GPT educativo, Apollo

## Desterrar la palabra corrección
Lo primero que tuve que hacer al entrenar a un bot para la revisión de tareas de mis estudiantes fue desterrar de nuestra conversación la palabra "corrección". Es que cada vez que a la IA se le pida que corrija, reescribirá todo sin errores. Eso es la corrección: enmienda, modificación, cambio, ajuste, remedio, retoque. Este fue mi primer cuestionamiento al proponerme revisar el quehacer de mi profesión docente en compañía de estas redes neuronales sin prejuicios ni altruismo ni egoísmo, sin experiencias propias y sin alma.
## Por qué busqué un asistente
Mi motivación para innovar con esta herramienta surgió de una de tantas falencias del sistema educativo: la falta de retribución por el trabajo fuera del aula, específicamente por las horas dedicadas a planificación, capacitación y corrección que los docentes invertimos para llevar a cabo nuestra tarea con eficiencia. Se podría discutir extensamente si la vocación docente debería cubrir esta falencia de manera natural o no, pero ese no es el tema de este artículo.
Si bien es cierto que desde hace algunos años la tecnología ha comenzado a acompañarnos en el aula y fuera de ella, poniendo a nuestra disposición herramientas que han simplificado nuestra labor, al momento de comenzar no había Google Form, Kahoot ni presentaciones de Canva que pudieran enfrentarse a la letra manuscrita de nuestros alumnos (cada vez menos legible), entenderla, cotejar el contenido con el tema en cuestión y las consignas, y ofrecer una devolución consciente, útil y asertiva en cada caso. Al día de hoy estas herramientas tampoco lo hacen.
Como profesora de Lengua y Literatura, mi deseo más profundo era encontrar un asistente que simplificara esta tarea, y en el mejor de los casos, que pudiera revisar algunos trabajos por mí. No para dejar de hacerlo completamente, sino para tener la posibilidad de intensificar las tareas de escritura y realizar un seguimiento sistemático de mis estudiantes sin que ello resultara en un divorcio o en una licencia psiquiátrica. Seré directa al respecto para no crear falsas expectativas: eso aún no ha sucedido. Al menos no como yo lo esperaba.
## Nace Scribo
Tras comparar varias inteligencias artificiales, encontré que, más allá de sus niveles de eficiencia, solo una plataforma de las que estaban en auge ofrecía la interfaz adecuada para lo que necesitaba: en julio de 2024, sólo ChatGPT permitía crear "GPTs": chatbots entrenados por los usuarios.
Así nació Scribo, el primer GPT que entrené como asistente de corrección. Lo instruí con material de mi carrera y documentos de gramática, normativa y escritura, para reducir el margen de error en la corrección. Scribo ofrecía respuestas asertivas, calificaba según mis criterios, y seguía enseñando cuando los estudiantes deseaban profundizar en sus conocimientos. Pero tenía un problema: era muy general. Con el tiempo entendí que cuanto más abarcador era lo que le pedía, más se equivocaba.
Meses después, un compañero, profesor de ciencias, se acercó al departamento de Lengua porque necesitaba ayuda con algo. Su proyecto trataba de enseñar a los estudiantes a distinguir noticias verdaderas de falsas y luego escribir sus propias noticias. Aunque ya había trabajado con las "alucinaciones" de ChatGPT, ahora necesitaba corregir los textos y, qué mejor que consultar con expertos.
Sin embargo, los proyectos interdisciplinarios a veces no coinciden en tiempos, y ya teníamos suficiente con nuestras propias correcciones. Por eso, Scribo cubrió esa necesidad que nosotros no podíamos atender. Este profesor fue el primer colega en usar mi humilde bot. Hoy colidera conmigo el Proyecto de Inteligencia Artificial en la escuela.
Simultáneamente, yo comencé a utilizar la herramienta en otra escuela. Estas implementaciones hicieron que el GPT ganara popularidad entre los estudiantes, incluso más que entre mis colegas. Por sugerencia de ellos, cambié el nombre de Scribo a Labon_IA, en alusión a mi apellido y en honor a quienes más lo utilizaban: en ese momento, los chicos de quinto año.
## Mi primer método: el informe manuscrito
La idea era utilizar la herramienta fuera del aula. Siempre que la incluía en un trabajo, los estudiantes debían entregar un informe manuscrito que detallara su interacción con la IA y los errores que la herramienta había encontrado. Ya se sospechará, al leer esto, que mi carga de corrección, lejos de alivianarse, se estaba intensificando. Si bien el alumno recibía un feedback más extenso del que le hubiera dado yo, mi maletín se llenaba de informes cada semana.
Así que la balanza se estaba inclinando para el lado del estudiante, pero lo positivo era que se estaba moviendo. La devolución de un buen bot es detallada. Verifica que el contenido de las consignas esté bien, evalúa la profundidad y claridad de las ideas, así como la coherencia y cohesión de la redacción; además, revisa normativa, sintaxis, y da un plus por originalidad. Tiene órdenes explícitas de no modificar la calificación, incluso si el usuario lo solicita insistentemente. De esto se desprende que la calidad de las correcciones había aumentado. Un docente jamás podrá dar ese feedback, porque su tiempo “analógico”, concreto, cronológico del mundo “real” no se lo permitiría. Para una IA las reglas temporales son diferentes.
Cabe aclarar que uno de los problemas más ingratos que enfrentamos los profesores al corregir es que generalmente, a pesar de nuestro esmero, los estudiantes no prestan atención a nuestras correcciones. Solo ven la nota y algún comentario al margen, ignorando las correcciones ortográficas, de tiempos verbales o puntuación. Con esta metodología, no solo garantizaba que volvieran sobre su escritura, sino que también reflexionaran sobre el trabajo del bot.
## El día en que el bot cuestionó la corrección de un colega
La herramienta tenía sus adeptos: estudiantes que la usaban por su cuenta, incluso para revisar trabajos de otras materias. Una vez, un estudiante de quinto año me confesó que, tras ser evaluado por un profesor de otra materia, consultó con Labon_IA, no sólo sobre su trabajo, sino también sobre la corrección del profesor. La respuesta del chatbot fue que el feedback del docente era "vacío", carente de contenido positivo y sin consejos para mejorar. Según la IA, se trataba de una corrección pobre e improductiva.
Esta anécdota transformó por completo mi visión sobre el asistente que había creado y, en cierto modo, también sobre el propósito de mis propias correcciones. Al principio, me sentí responsable por haber traído al mundo a una criatura capaz de cuestionar nuestra tarea; pero luego entendí que lo que hacen estas tecnologías es simplemente elevar el estándar. ¿Acaso no somos cuestionados continuamente, incluso por quienes desconocen la labor docente? ¿Acaso la mayoría de los que nos sugieren cambios están realmente dentro de un aula ejerciendo la docencia hoy en día? Si alguien va a cuestionarnos, que sea inteligente, empático y acertado; y si lo hará desde un lugar ajeno al aula, que al menos tenga los conocimientos necesarios y el criterio que yo misma elegí para que me cuestione.
## Corregir acompañada
Corregí muchas evaluaciones complejas junto a Labon_IA. Y aunque a veces me llevaba más tiempo, comencé a sentirme acompañada por alguien objetivo, sin prejuicios hacia el estudiante, sin el sesgo de vulnerabilidad que a veces sentimos los docentes frente a algunos cursos. Por otro lado, me sentía respaldada: había un "profesional", en ciertos aspectos más preparado que yo, que trabajaba a mi lado sin descanso ni disminución en la calidad de su esfuerzo. Por otro lado, sabía que estaba beneficiando a mis alumnos, brindándoles una corrección más completa y objetiva.
Pero había mucho que solucionar. Aún no se sabía para dónde iba a avanzar la IA, tampoco podía pretender que mis compañeros empatizaran con ella ni con una herramienta que sólo los beneficiaría a nivel emocional. Necesitaba un espacio más consolidado en la escuela, en donde visibilizar esta nueva metodología.
Por otro lado, a nivel técnico era necesario avanzar. Tuve la oportunidad de consultar con varios expertos, relacionados con la educación y la tecnología, algunos específicamente con el mundo de la inteligencia artificial; sus consejos coincidían en que debía hacer mi camino, despegarme de la plataforma que estaba usando. Si quería crecer, tenía que independizarme.
Pasó mucho en el medio para que pudiera dar ese paso: algunas aplicaciones muy básicas, diseñadas sin saber programar; un proyecto serio en la escuela, en el que incluimos muchas cuentas más de ChatGPT, de las que nacieron infinidad de bots, y mucha experiencia. Pero nada de lo anterior hubiera sido tan fácil sin la asesoría de Israel Wegierski, desarrollador que más tarde se convertiría en el cofundador de Apollo.
## La vocación, diversificada
Quiero destacar lo que un proyecto educativo hecho a conciencia puede despertar en los docentes. En los inicios, invertí mis vacaciones de invierno investigando para llevar a cabo este proyecto. Con mi humilde sueldo docente pagué varias suscripciones en dólares a diferentes plataformas de IA. Mis correcciones se volvieron más exhaustivas, más conscientes; algunas veces me llevaban más tiempo, aunque a la vez alivianaban la carga. No recibí ninguna retribución por todo esto, ni por el tiempo invertido en informes que escribí. Pero nadie me obligó a hacerlo. La motivación siempre fue genuina, y siempre me hizo feliz. Creo que hoy la "vocación docente" también se ha diversificado, como el mundo.
No me considero una excepción, sino alguien que encontró una causa posible, una esperanza de cambiar algo en el ámbito educativo. Los docentes no necesitamos que nos inviten a innovar, sino causas justas para hacerlo, y una luz de esperanza al final de un camino que, la mayoría de las veces, es ingrato.
Apollo tampoco es el final del camino, y nunca dejará de crecer. Pero ya ha solucionado la mayoría de los sesgos e incomodidades que amenazaban el avance de mi proyecto. Ha entrado en los hogares de muchos alumnos y los ha ayudado a prepararse para evaluaciones que luego aprobaron sin dificultad, y eso lo es todo.
